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Municipalidad de Saladas | Martes, 26 de Septiembre de 2017 - 11:55 Hs.

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31/03/2017 8:57
DESFRAUDADO

Marcha atrás de Cambiemos

Marcha atrás de Cambiemos

Cambiemos está a punto de cometer uno de sus más imperdonables errores políticos. No hay antecedentes en el mundo de lo que la coalición de gobierno está a punto de hacer. Todos los partidos o coaliciones de gobierno de la tierra hacen lo imposible para convocar a actos y marchas en su apoyo.

Cambiemos va a romper esa tradición. No solamente no organiza la marcha de pasado mañana, sábado 1ro de abril. Es peor todavía. Porque emitió un comunicado lavadito para sacarle el cuerpo a la convocatoria. ¿Se entiende? Miles y miles de ciudadanos de a pie, sintieron la necesidad de darle una abrazo al gobierno y al sistema democrático frente a lo consideran, con razón, un embate golpista o desestabilizador de los grupos más radicalizados que apoyan a Cristina.

La idea fue creciendo hasta que se convirtió en una catarata que inundó las redes sociales con invitaciones a participar en esta patriada. Las consignas no pueden ser más amplias, razonables y republicanas. La convocatoria es en un día no laborable para no seguir complicando la vida de la gente que quiere trabajar, es solo con la bandera argentina y la camiseta del sistema democrático y en defensa de la legalidad y de los jueces y fiscales que con coraje están juzgando a los funcionarios del gobierno de Cristina, el más corrupto y autoritario desde el retorno de la democracia.

Así de simple y pacífico. Sin aparatos ni colectivos. Sin obligaciones. Cada uno va si tiene ganas. Cada uno por la suya se concentra en una esquina emblemática o en una plaza de su barrio. Muchos habían resuelto concentrarse en el Obelisco o en la Plaza de Mayo para demostrar que Mauricio Macri no está solo porque es un presidente elegido democráticamente y no un dictador como dicen los kirchneristas todo el tiempo.

Pero hubo un inconveniente. En el seno de la coalición que gobierna empezaron a recular en chancletas por razones incomprensibles que demuestran la falta de confianza en la gente y la absoluta inexperiencia política.

De hecho nadie se hizo cargo. No hubo un solo dirigente político del Pro, ni del radicalismo o de la Coalición Cívica que llamara públicamente o que enviara su adhesión a la movida espontánea de los ciudadanos que quieren participar y no quieren mirar para otro lado cuando ven que a un gobierno elegido legítimamente le hacen paros de todos los colores, piquetes violentos que cortan calles y puentes y actos masivos que repudian sus decisiones. Y eso que este gobierno asumió hace apenas 15 meses.

Pero hay un par de excusas hacia adentro del gobierno que no se atreven a expresar públicamente. Muchos creen que van a juntar poca gente y que van a perder en la comparación con la masividad de la marcha federal de los docentes o en la del 24 de marzo. Un error grande como una casa.

Un temor incomprensible y paternalista de los que viven en un frasco y en el Facebook. En las redes se notaba que iba a ser masiva. Yo digo iba a ser masiva y digo mal. No tiene que ser en pasado. Porque la marcha se hace lo mismo a pesar de la actitud tibia de los destinatarios de semejante apoyo y gesto.

La magnitud del encuentro tiene dimensiones similares a algunos cacerolazos que cambiaron el rumbo de muchas cosas. La protesta que defendió y salvó de su destitución al fiscal José María Campagnoli, la caminata por el fiscal Nisman y otras que fueron en repudio al ladri feudalismo de Cristina y su bandita. Varias veces, en todo el país hubo alrededor de 400 mil personas movilizadas. Y en este caso la cuestión iba a ser similar. ¿O tal vez sea mayor ahora que tienen que superar incluso el pecho frío de los que ellos quieren calentar con calor humano?

Otra excusa es que Cambiemos no sabe hacer marchas, que no está en su estilo y en su historia. No era y no es una marcha de Cambiemos. Es una respuesta cívica. Son ciudadanos corajudos en movimiento, participando y tratando de torcer este destino maldito que dice que un gobierno no peronista no puede terminar su mandato en tiempo y forma.

La gente en la calle es la máxima expresión de la participación y el compromiso ciudadano. No es cierto lo que dicen los nerd del PRO de que no sirven para nada. Me extraña de los radicales que con Yrigoyen y Alfonsín supieron del calor popular. Hay cientos de movilizaciones que cambiaron la historia en el mundo y en nuestro país.

La de Martin Luther King en la que pudo concretar su sueño de combatir la discriminación a los negros y las protestas de Soweto que ayudaron a derrumbar el Apartheid. Los hippies con colores y pelos largos que quebraron la guerra de Vietnam. Lech Walesa en los astilleros dinamitó a un comunismo facho que sojuzgaba. El mayo francés que impuso el prohibido prohibir, las sufraguistas que en 1917 rodearon la Casa Blanca exigiendo el voto femenino en Estados Unidos, la marcha de la sal de Ghandi que puso de rodillas al imperio británico.

Los indignados en España que liquidaron el bipartidismo vacío de contenido, la primavera árabe, el Cordobazo que hirió de muerte a la dictadura de Onganía, la CGT que obligó a huir a José Lopez Rega, y, repito, los cacerolazos que pusieron a la defensiva al poderoso aparato de Cristina. ¿Se acuerda del 8N o del 18A para abortar la reforma judicial y el intento reeleccionista de Cristina? Y las multitudes en el monumento a la Bandera y a los Españoles en Rosario y Palermo respectivamente contra el ataque al mundo productivo del campo.

Son momentos épicos como los de David contra Goliat. Gente común contra profesionales de la mala política. Una marcha no es tan cómoda como mandar un tuit o mirar la tele. Hay que mover las tabas, levantar el culo de la silla, gritar bien fuerte el apoyo a un sistema democrático que tanta sangre, sudor y lágrimas nos costó recuperar. En la calle, codo a codo, los argentinos somos mucho más que dos.

Se reconocen los iguales, confraternizan los vecinos, hacen carteles caseros donde expresan sus críticas y su creatividad, se sienten útiles. Todos los que por las redes están participando sienten que este sábado van a poner su granito de arena en la edificación de un futuro distinto para nuestros hijos. Donde no haya ladrones ni golpistas. Donde se pueda trabajar y circular.

Donde haya escuelas funcionando y educación de calidad para construir una sociedad más justa con la igualdad de oportunidades que da a escuela pública, un país donde se premie de nuevo la cultura del trabajo, del esfuerzo y la innovación científica y productiva.

Todo eso se puede expresar caminando sin agredir a nadie. Mire, le voy a hacer una confesión que no se si corresponde a mi oficio de periodista. Yo no apoyo políticamente a Mauricio Macri. Creo que es una buena persona, con buenas intenciones pero no comparto muchas de sus ideas y lamento la falta de ideas de los partidos políticos que lo acompañan. Hace tiempo que no tienen una iniciativa.
No marcan agenda. Van a la cola de lo que les marca el kirchnerismo. Mi función como periodista no es respaldar funcionarios ni candidatos. Mi maravilloso oficio que tanto amo es informar lo más rigurosamente posible y opinar en defensa de valores.

Repito: No apoyo políticamente a Macri pero no tengo dudas que Cristina, sus doce años junto a Néstor y la conspiración que está fogoneando ahora, es lo peor que nos puede pasar a los argentinos. Si Cristina vuelve será con un revanchismo feroz y con un chavismo arrasador.

Por eso creo que es positivo que los ciudadanos se expresen siempre de todas las maneras posibles. No solamente por twitter. Por eso creo que es emocionante la firmeza y decisión de miles y miles de anónimos frente a las dudas de los funcionarios. Pocas veces se vió algo igual. Un sector importante del pueblo quiere abrazar a un gobierno que no sabe no contesta. Quieren ayudar a un gobierno que no se deja ayudar.

La política es gestión, en eso tiene razón Macri. Pero la política también son ideas, propuestas, audacias intelectuales y valentía para ponerse al frente de la sociedad. Hace poco Alejandro Rozitchner cometió la torpeza de decir que la sociedad no está a la altura de Mauricio Macri. Me temo que es al revés. La sociedad está mucho más madura de lo que creen en el gobierno. Y es el equipo de Mauricio el que no es el mejor de los últimos 50 años.

Muchos de ellos se están por ir al descenso. Quien quiera oir que oiga. Y quien quiera marchar que marche. El que no construye su destino se tiene que aguantar que se lo construyan otros. Ojalá haya mucha gente en las marchas en todo el país. Ojalá las plazas desborden de ciudadanos. Para que los conspiradores tomen nota. Y para que el gobierno, también.

Los dirigentes que no dirigen no son dirigentes. Son burócratas a sueldo incapaces de levantar utopías de cambio. Son tibios que la historia vomitará. Como dice la biblia.